06 JULIO 2016-MINUTOS PARA EL FIN A VIOLONCHELO A DUO FIL UNO Y JOSE QUEZADA

July 7, 2016

Minutos Para El Fin, escribí en facebook: «Vienen siendo sesiones musicales de instrumentistas convocados para improvisar en la arena de la música experimental» y diría, específicamente, de la improvisación libre, organizadas por un extraordinario músico que considero es Teté Leguía. Siempre hasta ahora en un extraño bar, oscuro, fluorescente y céntrico miraflorino llamado Aka Pop.

 

Me parece un evento sonoro dentro del rubro, heterogéneo, pues he podido oír ahí música muy afortunada, y alguna muy desastrozas ( de la que hago yo no opino pero te cuento mi sensación). Así es la arena libre, puede ocurrir. Quizá aprovecho de escribir algunas ideas sobre la improvisación libre, que he transmitido a amigos músicos del "Cartel" más de una vez: dice así.

 

La improvisación libre como cualquier género musical, requiere un ejercicio enfocado en el mismo, en escena y fuera de ella, el músico debe reflexionar, ejercitar, meditar, respirar constantemente en ello y por eso se adiestra para el evento que supone improvisar sòlo o acompañado.

 

Yo he tenido algunas experiencias en la improvisación libre, era de hecho mi afán cuando amateur me disponía a conocer las dimensiones sonoras de mi violonchelo, y gozar de la inventiva y tacto de mis amigos músicos. A tal punto observé esta música que un día me animé a organizar yo mismo unas sesiones, guiadas e íntimas que luego llamé Oso Sessions ( porque las realizábamos los domingos sobre los escombros del Oso Bar en recavarren, incluído el olor a cerveza, el piso pegajoso y el humo enviciado). Allí nos reuníamos, a puerta cerrada y de día Nicolás Wangeman, Efraín Rozas, Joselo Samaniego y yo ( todos varoncitos, como en el cartel de este post), algunos invitados también como Leopoldo Martos que tocaba el clarinete mientras Diego Cardich filmaba con una v8.

 

Allí, primero sentados despues de pasar una escoba en silencio, proponíamos ejercicios o claves para adentrarnos en un juego, osea reglas tipo: «dos sonidos de fuentes distintas no pueden coincidir en el aire, colisionan, si ha de suceder tamaña coincidencia o descuido su efecto pagaremos dramáticamente todos, será un acontecimiento trascendente» o también y quizás simultáneamente: «este tipo de sonido o intervalo solamente puede realizarse acompañado de una inhalación, tales otros de una exhalación», en otros imperaba el delirio como : « la coda debe sonar estrepitosa, siempre y cuando anulemos nuestros movimientos, en la quietud y ausencia de voluntad se orquestará el sonido de este espacio». No sin gravedad nos adentrábamos del zaguán a la sala dramáticamente concentrados, persiguiendo conciencia hasta en el más mínimo de nuestros movimientos. Un buen domingo, quizá el cuarto, no quisimos hablar más, y nos despedimos ensimismados.

 

Quizá de esa experiencia aprendí uno: que la improvisación libre para mí, en su más alto grado , era un experiencia mágica y requería una disposición ritual, al margen de su forma o apariencia. Por ende el músico debía, por impostación tomar un papel de embrujo en ello. Hay pues en eso algo de trance , aunque el viaje se someta a la más rigurosa figuración matemática, tenía que ponerte en trance, aunque sea una golosina rosada y chiclosa con olor a frambuesa artificial, tenía que ser un trance, la improvisación libre es pues, para mí, un tipo de performance: un happening.

Dos olvidé qué era: aaa!!,ya, la libertad que designa la palabra Libre es enrealidad una ética tan compleja como la libertad que uno se fragua como persona y en esa medida, ergo, reflejo de la misma.

 

El párrafo antecedente me lleva a decir otra cosa que pienso, más allá del género musical: la música es, para mí, en primer lugar, humana, viene del ser vá, casi siempre, hacia el ser. Su dimensión refleja la dimensión de una parte del ser. Esto solamente para decir que una persona obtusa ( que las hay ), puesta en la arena de la improvisación libre, lamentablemente reflejará en buen grado sus desmanes. Ya si este ser se dedica a otro género y cumpliendo su deber, por ejemplo como violinista de una sinfónica, bajista de una banda de raggee o cualquier otro género compuesto, puede quizá salvar su intimidad del escrutinio del oyente, pero improvisando lo veo difícil, más aún, improvisando en lo experimental.

 

Con los años me alejé de cualquier sesión de improvisación libre, si bien en mi exploración personal, usaba directamente métodos que pueden tener relación con ... hasta que volví a Lima y con entusiasmo, los jóvenes gestores de la música experimental me invitaron a regresar a la «improvisación libre city», al inicio lo hice junto a quien se haría mi gran amigo, cómplice y partner sonoro Klaus Filip. Ya habrá un post dedicado a su onda.

 

Lo que puedo decirles es que el año pasado en Viena, en una reunión que se celebraba por mi cumpleaños en casa de Angélica Castelló y Burkhard Stangl ( mis compositores favoritos y tremendos improvisadores) , Klaus en la zona fumadores me dijo antes de entrar a la sala para tocar a dúo: «Fil, cuando inhalemos intensamente, habrá silencio, nuestra exhalación devendrá en una extensa nota hasta la siguiente sección, nuevamente inhala....exhala, así 17 veces» y no pude más que sentirme en casa.

 

Yo no practico la improvisación libre, de momento no, gracias, he tenido que decirle a mis amigos: Kevin, Teté, Alvarado. No me encuentro en forma, no pienso en ello, no sueno en ello. Me desagrada subir a un escenario ( lease "subir") con músicos que no sé quiénes son y verme en la angustia de no tener fin ( aquí viene la propaganda de : minutos para el fin). Me aterra, me angustia, casi siempre me deprime.

 

Aquella noche nos encontrábamos chelo a chelo José Quezada y yo, (Jose Ignacio Lopez, anunciado en el cartel, no tocó). Tomamos unas chelas, conversamos calurosamente, la música me sonó extrañísima, a él creo que también y varios la aprobaron.

 

José Quezada ha volcado hace poco su destreza en el violonchelo y su pasión por la música en un disco llamado: En Camino, que puede oírse en Soundcloud y creo que también en Spotyfi. Violonchelos superpuestos, mucho ritmo, reminisencias populares, canción. Y no entendemos muchas veces lo importante que es publicar un disco de violonchelo en el Perú, y de temas propios y bien tocados. Yo estudié Violonchelo con Annika Petrozzi, a la par y siempre más avanzado y dedicado que yo, veía a José Quezada progresar con su maestro César Pacheco. Coincidíamos en clases y festivales, era en el chelo una suerte de hermano mayor. Y ahí seguimos tocando violonchelo , yo por un lado, él enriquecido en tantos otros, en lo que yo diría la primera fila. Hace poco tocó las piezas para chelo y piano del joven compositor y fino pianista Sergio Díaz de Rojas, de eso, hay que estar atentos.

 

Mi post en facebook concluía así: «Además se presentan otros tres dúos, que como nosotros, tendrán que sonar de improviso, sucumbir ante la idea súbita, el impulso o un grave silencio. MINUTOS PARA EL FIN

Miércoles 6 de julio ,10pm

Calle Esperanza 359, miraflores

entrada-cinco soles »

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